El reto de concentrarse cuando abunda la información

En esta artículo, Johah Leherer nos habla de la importancia de trabajar en fortalecer la función ejecutiva, una serie de destrezas mentales que permiten ejercer control sobre los pensamientos e impulsos.  Dado la plasticidad del cerebro, ella puede ser fortalecida a cualquier edad.

“Para reducir lo infinito a lo finito, lo inasequible a lo humanamente real, no hay más que un camino: la concentración”  -Theophile Gautier

 

 

Durante la mayor parte de la historia humana, el progreso del conocimiento fue limitado por una escasez de información. Los libros eran costosos y poco comunes, las bibliotecas estaban reservadas para intelectuales de la élite y las comunicaciones era extremadamente lentas. El correo avanzaba a la velocidad de los caballos.

Ahora, por supuesto, vivimos en la era de Google y Amazon, una época en la que casi todo lo que jamás se haya escrito puede ser accedido en cuestión de segundos o entregado en cuestión de días. Conseguir información es barato y fácil; el teléfono celular se ha convertido en la biblioteca infinita.

Entonces, ¿qué se interpone en nuestro camino? ¿Por qué este exceso de información es a menudo tan abrumador en vez de ser enriquecedor? La respuesta nos regresa a las limitaciones testarudas de la mente humana, en especial cuando se trata de la capacidad de concentrarse debidamente. Como afirmó el psicólogo Herbert Simon en su famosa declaración: “Una abundancia de información crea una pobreza de atención”.

Pero no tiene que ser así; la mente no está tan limitada como hemos asumido. Aunque nuestra atención siempre será un recurso escaso, fácilmente arrollada por las abundantes distracciones mundanas, es posible mejorar nuestra concentración, volvernos mejores a la hora de lidiar con el exceso de información.

La clave es fortalecer lo que los psicólogos llaman “función ejecutiva”, una serie de destrezas cognitivas que nos permiten ejercer control sobre nuestros pensamientos e impulsos. Cuando resistimos la tentación de un dulce, o hacemos la tarea en lugar de mirar la televisión, o nos concentramos durante horas en un problema difícil, apelamos a esos elevados talentos mentales. Lo que queremos hacer en el momento, y lo que realmente deseamos hacer, suelen ser cosas distintas. La función ejecutiva ayuda a reducir la brecha.

Investigadores han descubierto que niveles personales variables de función ejecutiva tienen un impacto profundo en casi todos los aspectos de la vida.

Un ejemplo es un estudio reciente encabezado por Avshalom Caspi y Terrie Moffit de la Universidad de Duke que siguió a 1.037 niños nacidos en Dunedin, Nueva Zelanda. Los investigadores les dieron a los niños un aluvión de pruebas mentales y luego llevaron un registro meticuloso de su comportamiento a medida que se hacían adolescentes y adultos.

Los niños que podían regular mejor sus impulsos y atención tenían cuatro veces menos probabilidades de tener un prontuario criminal, tres veces menos probabilidades de ser adictos a las drogas y la mitad de probabilidades de ser padres solteros. En muchas instancias, el control ejecutivo predecía con mayor precisión la vida adulta de una persona que las pruebas de coeficiente intelectual o el estatus socioeconómico.

Pero he aquí la buena noticia: la función ejecutiva puede ser mejorada de forma significativa, en especial si las intervenciones comienzan a una edad temprana. En el número más reciente de la revista Science, Adele Diamond, una neurocientífica de la Universidad de British Columbia, analiza las actividades que pueden fortalecer de forma confiable estas destrezas mentales esenciales.

La lista es sorprendentemente variada, y se relaciona con actividades que son tanto entretenidas como desafiantes, como ejercicios en computadora que involucran memoria a corto plazo, taekwondo, yoga y juegos de mesa difíciles. Diamond también señala que ciertos métodos educativos, como Montesori, también han demostrado aumentar de forma consistente la función ejecutiva.

Sin embargo, a pesar de esta evidencia impresionante, la mayoría de las escuelas prácticamente no hace nada para desarrollar la función ejecutiva. Aún peor, los departamentos de educación están reduciendo las actividades que, como el ejercicio físico y las artes, impulsan la función ejecutiva en el rango más amplio de estudiantes.

Tampoco hemos logrado desarrollar medidas que puedan evaluar estas destrezas. Aunque en el jardín infantil a menudo intentamos encontrar aspectos de la función ejecutiva —la libreta de notas de un niño de 5 años está llena de calificaciones sobre la capacidad de concentrarse y continuar con una tarea— estas categorías se desvanecen durante el resto de la carrera académica de un estudiante, y son reemplazadas por una obsesión con temas académicos. Nos preocupamos por que aprendan la tabla periódica en lugar de la persistencia, la ortografía en lugar del autocontrol.

Eso es casi sin dudas un error. Dada la época en la que vivimos, no tiene sentido obsesionarse con la memorización de datos que pueden ser buscados con un teléfono inteligente. No es suficiente instruir repetidamente a los niños en aritmética y esperar que desarrollen una gratificación tardía por accidente. Debemos enseñarles las destrezas de la función ejecutiva de forma directa y creativa.

Si queremos que nuestros niños tengan éxito en la era de la información, debemos darles las herramientas mentales que importan. El mundo ha cambiado. La mente no puede mantenerse igual.

Wjs.com

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