No dejes que la ira te domine

La ira se construye sobre la ira

El objetivo es el equilibrio, no la supresión emocional: Cada sentimiento tiene su valor y su significado. Lo que debemos lograr es la emoción adecuada, el sentir de manera proporcionada a las circunstancias. Cuando las emociones están fuera de control se vuelven patológicas. No se trata de que la gente deba evitar los sentimientos desagradables para sentirse contenta, sino más bien de que los sentimientos tormentosos no pasen inadvertidos y desplacen los estados de ánimo  agradables.  Un disparador universal de la ira es la sensación de encontrarse en peligro. Puede ser que se perciba un peligro físico, o una amenaza simbólica a la autoestima o dignidad, ante lo cual se genera la reacción del cuerpo para la respuesta de ataque o huida.  Se debe actuar en la primera etapa del ciclo de la ira, para evitar la cascada subsiguiente, donde el sistema nervioso queda sensibilizado a un siguiente episodio de ira. Tomar conciencia de lo que estamos sintiendo nos ayuda a intervenir a tiempo.

“La ira nunca carece de motivo, pero pocas veces se trata de un buen motivo”. 

-Benjamin Franklin

En el siguiente artículo la Dra Aliza A. Lifshitz nos habla sobre cómo manejar la ira.

La ira y hasta la furia son emociones poderosísimas, reales y muy humanas. Es normal sentirlas y expresarlas, pero hay que hacerlo de una manera constructiva. Si las suprimes, te perjudicas. Si “explotas”, le haces daño a las personas a tu alrededor: a tus familiares, a tus amigos y a tus compañeros de trabajo. La clave es aprender a canalizar y a controlar las emociones fuertes para que seas tú quien las domine y no al revés. Aquí te doy algunos consejos para que tomes las riendas de la ira.


La vida nos enfrenta a todo tipo de situaciones: agradables y desagradables, maravillosas y difíciles, estimulantes y frustrantes. Nada de eso está bajo nuestro control. Solamente podemos controlar la forma en que reaccionamos ante ellas. Claro que hay mil cosas que “te sacan de quicio”, te frustran y te enfurecen. La solución no está en suprimir esos sentimientos ni tampoco en dejarlos aflorar sin ningún control, sino en buscar un término medio saludable.

Lo que sucede cuando suprimes los sentimientos de ira

El avestruz esconde la cabeza en el suelo cuando se siente amenazado, pero eso no hace desaparecer el peligro. Ignorar las cosas que nos causan molestias (el comportamiento de la pareja, los hijos, el jefe o el tráfico, por poner algunos ejemplos) no resuelve nada, al contrario, te enferma.

• El enojo o la ira reprimidos puede provocarte ansiedad y depresión.
• El resentimiento que surge perjudica todas tus relaciones personales, afecta tus pensamientos, tu capacidad de juicio y tu comportamiento.
• También provoca una serie de respuestas en el organismo que afectan tu salud, causando hipertensión, problemas cardíacos, dolores de cabeza, problemas digestivos y en la piel.
• El estrés acumulado perjudica tu descanso y tu sueño.
• En casos extremos, la ira reprimida contribuye a un comportamiento violento, y hasta al abuso físico.

Expresar la ira sin ningún tipo de control acarrea otro grupo de problemas, incluso graves. Puedes herir emocionalmente a otras personas, perjudicar tu empleo e incluso llevarte al abuso físico y a la violencia doméstica. Además, las explosiones de ira también perjudican tu sistema nervioso y cardiovascular.

¿Qué puedes hacer?

No es fácil, pero debes aprender a canalizar tus sentimientos de forma positiva, no agresiva. En primer lugar, debes aprender a reconocer las señales de que algo te está afectando.

• Si empiezas a sentir enojo, respira profundamente. Llena tus pulmones de aire y exhala profundamente. La respiración profunda te relaja.

• Evita los pensamientos negativos: concéntrate y repite afirmaciones positivas en tu mente. Combina la respiración y la afirmación hasta que recobres la calma.

• En caso necesario, retírate a un lugar aislado y tranquilo para que la situación no escale y se salga de tu control. No tomes esto como una debilidad, sino como un gran paso hacia la toma de control.

• Identifica las situaciones que te producen enojo y haz una lista. Escribe también las ideas que quieres expresar, en caso de que la relación con una persona en particular sea lo que te molesta.

• Trata de expresar tus sentimientos mediante el diálogo y busca la comprensión de esa persona para cambiar el comportamiento y/o la situación.

• Si la conversación no funciona, expresa tus sentimientos, ideas y opiniones por escrito. Eso evita la confrontación abierta y la escalada de la violencia.

• Conversa con un familiar o amigo allegado. Quizás la opinión de una tercera persona te ayude a verlo todo con más claridad.

• Haz ejercicio con regularidad. El yoga, por ejemplo, te dará dominio, control y te ayudará a relajarte.

• Aprende a meditar. Si te sientes frustrado(a) y a punto de explotar, retírate a un sitio privado y tranquilo y enfoca tu mente en algo que te produzca placer.

• Aprende también a escuchar. Aceptar el punto de vista de los demás, es un gran paso hacia adelante y un requisito esencial para que se produzcan los cambios en cualquier situación y/o relación.

• Si la situación no mejora, necesitas buscar asesoría profesional.  Tu médico de cabecera puede recomendarte o referirte a un psicólogo para comenzar terapia individual o familiar.

• Investiga los programas para el control de la ira disponibles en la comunidad.

No temas pedir ayuda. Además, es irresponsable quedarte con los brazos cruzados, ya que esto solamente empeorará la situación. La solución no es inmediata, la modificación del comportamiento lleva tiempo. Pero con la ayuda adecuada y con interés de tu parte, seguro que irás aprendiendo técnicas para expresar tus sentimientos de una manera asertiva y a controlar los sentimientos de cólera sin herirte ni ti, ni a los demás.

Fuente:  Tuvozentuvida.com

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